Los estímulos

Campeones En El Ring septiembre 2, 2013 0
Los estímulos

Por Gerardo Pereyra

Cuando decidí aceptar este reto-responsabilidad que nuestro amigo Damián me propuso, nunca pensé que se transformara en placentero. Comenzó como una idea a ejecutar sin resultados predictibles. Y aquí estoy, sonriéndole al teclado y la pantalla.

Podría ocurrir que no siempre mis sensaciones sean las m  ismas que el resto del equipo tenga, pero hay algo que va siempre conmigo: la observación. Quizás sea el espíritu de fotógrafo, o sencillamente un deseo de aprehender todo eso que llama mi atención.

Es sábado. Luego de un día duro y extenso de guanteo, como era de esperar, Lucas luce algo cansado. Para hoy lo planificado es solo una distendida sesión de labor aeróbica muy liviana, acompañada con flexibilidad.

Ya en el gimnasio, rápidamente nos disponemos (sí, los dos) a comenzar trote en la cinta, en una de las más de treinta que se disponen en fila ordenada.

Con muchos socios rondando las diferentes secciones, nos disponemos a comenzar. Desde una señora rubia -con más arreglos estéticos que simpatía- hasta algunos chicos de aspecto latino (no pidan descripciones) que observan con deseos de saludar, pero que solo logran mostrar una tímida sonrisa. Nos rodea una escena ambigua, agradable y a la vez desconocida.

Minutos más tarde -cuando pasamos de cintas a bicicletas- los dueños de las timoratas expresiones se acercan y piden fotos. Parece que esto animó a los demás. De a uno, y ya sea en español o inglés, le desean lo mejor a Lucas. “¡Ey Mathyysss!”, “You’re the best”, “Good luck”, “¡Partele su madre!, frases que nuestro campeón responde con una mueca de agradecimiento y un puño en guardia.

Por la tarde comenzamos algo atrasadas las actividades de coordinación de manos y recursos defensivos, a cargo de Cuty y Colo. El recinto está prácticamente vacío. Solo un par de boxeadores a punto de guantear, un señor de cabeza cana y tres jóvenes observando. Joel Díaz parte hacia algún compromiso y uno de ellos queda a cargo.

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Luego de la entrada en calor y varios rounds de trabajo, el hombre mayor que observaba se acerca a Cuty y discretamente le comenta algo. Luis gira y con una mímica que cambia a gesto cómplice le dice a Lucas: “acá pregunta el hombre si te podes sacar una foto con el muchacho”. Uno de los que parecía observar a otros, callado asistió a ver “manos”. Había viajado muchos kilómetros y esperado unas tres horas. Se hubiese ido en silencio y sin su foto, si el tipo de pelo blanco no hablaba.

Finalmente sonrisa, una vez más puño en guardia y muy buenos deseos.

¿Quién necesita otros estímulos?

NOVENA ENTREGA (CLIC EN EL TÍTULO PARA INGRESAR):
UNA PAUSA, UN PASEO Y UN CAMINO

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