LA VERGÜENZA BRITÁNICA

Luciano Jurnet noviembre 23, 2013 0
LA VERGÜENZA BRITÁNICA

Por Luciano Jurnet

No alcanzan las palabras para explicar lo impresionante que resultó el combate entre el campeón del mundo supermediano de la AMB  y la FIB, Carl Froch (32-2-0, 23 K.O), y el aspirante, George Grooves (19-1-0, 15 K.O), celebrado en Manchester, Inglaterra. Pero tampoco alcanzaron los improperios que los fanáticos del boxeo vertieron sobre el árbitro de la noche, Howard Foster, quien insólitamente detuvo prematuramente la pelea y decretó vencedor a “La Cobra” por nocaut técnico en el noveno asalto.

Tal y como fuera previsto en este mismo espacio, se esperaba una guerra. Independientemente de la esgrima que por momentos esboza sobre el cuadrilátero el oriundo de Nottingham, la vocación ofensiva y agresividad de ambos permitía pensar en lo que finalmente ocurrió: electrizantes cruces, con golpes potentes y bien conectados y dramatismo hasta el último segundo.

Para sorpresa de muchos, fue Grooves quien tomó el protagonismo del duelo. Con la característica ambición que le permitiera sortear en el pasado grandes escollos y vencer a nombres importantes (como James DeGale, Paul Smith y Glenn Johnson) rápidamente se lanzó sobre el monarca y luego de una precisa combinación lo envió a la lona. Froch logró sobrevivir la vuelta, pero en su rostro podía percibirse que no sería una noche sencilla.

A pesar de que en el segundo round “La Cobra” reaccionó, fue nuevamente el retador quien recuperó notoriedad y se llevó el tercer y cuarto episodio. Ya en ese entonces el duelo se había definido: no imperaría el arte, sino más bien el golpe por golpe.

Ante cualquier pronóstico, parecía “Saint George” quien se hallaba más cómodo en palo por palo; se plantó de tal forma que jamás pareció comprender que se encontraba arriba en las tarjetas, sino que aparentó buscar el nocaut y no dejar su suerte librada al azar. Fue Froch, curiosamente, quien en ocasiones dio el paso atrás y no deseó intercambiar demasiados puñetazos con su rival.

El choque era vibrante, obligaba a los espectadores a estar sentados sobre el filo de su asientos. Sin embargo, apareció un protagonista inesperado. Y es que en la novena vuelta fue el campeón quien logró salir airoso de un encuentro sobre el centro del ring, llegó con justeza y poder sobre la mandíbula de su adversario y logró sentirlo, no obstante éste mantuvo los guantes altos y replicó. Inexplicablemente, tras un esbozo de contragolpe de parte del retador, el árbitro Howard Foster detuvo las acciones. La queja de un conciente y enfadado Grooves fue elocuente y el festejo de Froch tímido, fiel reflejo de que la lucha no estaba terminada.

Lamentablemente para los fanáticos, “La Batalla Británica” terminó siendo “La Vergüenza Británica”, y no precisamente por culpa de los boxeadores.

Foto: telegraph.co.uk

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