Libra por libra

Luciano Jurnet noviembre 20, 2016 0
Libra por libra

Por Luciano Jurnet

En el combate estelar celebrado en el T Mobile de Las Vegas, Andre Ward superó por una cerrada y para algunos polémica decisión unánime a Sergey Kovalev y se consagró nuevo tricampeón ecuménico mediopesado (AMB/OMB/FIB). Con esta victoria, el norteamericano trepa a lo más alto del ranking libra por libra, que contempla a todos los púgiles en actividad.

El choque, esperado por fanáticos y especialistas, decepcionó y se presentó demasiado friccionado, con abuso de clinch y escasos intercambios limpios. Sin embargo, en ese barullo se fundamentó la victoria de Ward (31-0, 15 K.O).

A “S.O.G” le costó hacer pie en la contienda y se vio avasallado por la vocación ofensiva de su adversario, quien lo hizo zapatear en el asalto de apertura con un tremendo jab zurdo. Minutos después, en el segundo round, Kovalev (30-1-1, 26 K.O) hizo gala de todo su poder y envió a la lona al yankee con un demoledor derechazo que impactó pleno en su nariz.

Aquel vendaval pareció marcar un antes y un después en la cabeza del californiano. Desde ese momento, entendió que su única posibilidad de victoria era llevar el desarrollo al terreno de la desprolijidad, al aburrido escenario de “conectar y abrazar”, no inmiscuirse en el “toma y dame” e ignorar el uso de su mano diestra.

Con esa decisión como principio rector, Ward emparejó las acciones. Conectó poco, es cierto, pero cuando lo hizo aplicó el jab con justeza y evidenció sus clásicas aptitudes defensivas para alejarse del peligro con precisos pasos laterales y movimientos de cintura.

La contracara fue Kovalev. El ruso jamás encontró la forma de contrarrestar el plan de su oponente y fue perdiendo lucidez. Tras el knock down conseguido en el segundo capítulo, prácticamente no logró acertar un envío de poder y se vio absorbido por el plan del retador.

En ese contexto, el duelo se diluyó entre la decepción del público y seguramente los promotores. Las tarjetas indicaron un apretado 114-113 (x3), para el estadounidense, quien es ahora el nuevo rey de los 79,5 kg. y, para muchos, se sitúa en la cúspide del ranking libra por libra del boxeo actual. ¿En qué se fundamenta esta última sentencia, cuando su victoria fue apática y cuestionable? En que, en un deporte con ribetes científicos como el pugilisimo, demostró la inteligencia necesaria para asumir el camino propicio para dar cuenta de un colega mucho más poderoso y que lo castigó como pocas veces en su carrera. No gustó, pero ganó y las coronas viajan a California.

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