Una nueva era

Luciano Jurnet abril 30, 2017 0
Una nueva era

Por Luciano Jurnet

Round once. El uppercut diestro de un voraz Anthony Joshua busca destino. Poderoso y letal, aterriza sobre el mentón de Wladimir Klitschko. El ucraniano acusa recibo y se abraza a su experiencia para poder sobrevivir. No lo logra. El inglés huele sangre y lo derriba en dos ocasiones. Corajudo, el ex rey indiscutido de la división se pone nuevamente de pie, pero su oponente lo vuelve a castigar hasta que el árbitro David Fields detiene las acciones. Termina una era y comienza otra.

Aquella fue la foto final de un combate tremendo, probablemente el mejor de la división de los pesados en la última década. Y es que tanto Klitschko como Joshua ofrecieron, cada uno con sus recursos, un duelo espectacular y de emociones cambiantes, que enloqueció a los espectadores de un Estadio de Wembley que vibró como si de la más atrapante final futbolística se tratase.

Las primeras vueltas carecieron de maniobras asombrosas. Wladimir apeló a su jab zurdo para mantener la distancia y soltó poco la derecha, mientras que el local lució excesivamente cauteloso, como si respetara sobremanera a la leyenda que tenía enfrente. Sin embargo, de ahí en adelante, todo cambió.

 “AJ” comenzó el quinto asalto lanzando golpes a diestra y siniestra, hasta que acertó un ascendente seguido de cross que envió a su oponente a la lona. La suerte parecía echada. No obstante, el “Dr. Martillo de Acero”, conmovido y cortado sobre su ojo, demostró por qué fue el mejor del planeta durante tantos años. Se levantó, con oficio se movió de lado a lado, abrazó cuando fue necesario y, recuperado, cerró golpeando contra las sogas a su aparentemente exhausto adversario.

El sexto round brindó aún más dramatismo. Y es que, lejos de salir a concluir la faena, el campeón FIB (se adjudicó también la “súper” diadema la AMB y la IBO) pareció cansado. Aquello fue aprovechado por el retador, que le estampó una antológica derecha sobre el rostro y le hizo besar el tapiz por primera vez en su carrera. Allí, entre movimientos de cintura, algún clinch y una capacidad de absorción respetable; logró sobrevivir.

Del séptimo al undécimo asalto, el invicto activó los motores a cuentagotas y Klitschko sacó partido, poniéndose por delante en las tarjetas. Pero, iniciado el penúltimo segmento, Joshua emergió renovado y ambicioso y aplicó el demoledor uppercut que abrió su camino hacia la consagración. Si, curiosamente encontró la llave de la victoria en un golpe ascendente. Una suerte de metáfora de lo que significó el duelo: el joven monarca que venía “de abajo” en términos de campaña, apellidos e historia en la división, escaló y derrumbó a quien, por más de una decena de almanaques, estuvo por encima de todos en la categoría.

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