“La Máquina” todavía funciona

Luciano Jurnet mayo 7, 2017 0
“La Máquina” todavía funciona

Por Luciano Jurnet

Lucas Matthysse se arrodilla en el centro del ring y celebra. La felicidad invade su rostro como pocas veces. No, no acaba de consagrarse campeón del mundo, a pesar de que la postal es un calco a la de aquella noche en la que superó a Ajose Olusegun. Tampoco acaba de imponerse a un colega encumbrado, de esos que ocupan los primeros puestos del ránking. Sin embargo, acaba de atravesar con éxito la pelea más difícil de su vida.

Matthysse debía lidiar con muchos fantasmas en la noche de Las Vegas. Su inactividad de veinte meses, su hambre, su solidez desde lo psicológico y un adversario con gran pasado amateur y que jamás había sido noqueado como Emmanuel Taylor; configuraban un desafío harto complejo para el chubutense, quien además hacía su debut en la división welter.

No obstante, pocos segundos bastaron para disipar todo tipo de dudas. Lucas subió al ring con autoridad y, como si el tiempo no hubiera pasado, ofreció una impecable versión. Voraz, potente, con ese instinto agresivo que lo llevó a ser sensación en los Estados Unidos; poco a poco demolió a un Taylor que se vio sobrepasado desde todo punto de vista.

Ya en el primer asalto, el patagónico distribuyó con sapiencia el castigo en la corta distancia y conectó una derecha impresionante en contragolpe que despidió a su oponente contra la esquina neutral, lo que representó un claro síntoma de que su poder podía hacer mella incluso en las 147 libras.

Luego de una segunda vuelta de características similares, en el tercer segmento el otrora rey interino superligero del CMB dio con inteligencia el paso atrás y replicó con un preciso “uno-dos” que envió al norteamericano a la lona. Era el primer knock down conseguido desde septiembre de 2014, cuando un soberbio gancho al hígado hizo arrodillar al mexicano Roberto “Massa” Ortíz.

La definición vino en el quinto round. A falta de un minuto, Matthysse llevó al moreno contra las cuerdas y le asestó una combinación letal, que finalizó con una derecha cruzada seguida de un ascendente zurdo. De pie aunque poco convencido y con sangre en las fosas nasales, el “Tranzformer” manifestó su voluntad de continuar. Sin embargo, el árbitro Jay Nady no lo creyó conveniente.

La victoria representa un vaso de agua fresca en el triste desierto de las alegrías internacionales para el boxeo argentino de los últimos tiempos. “La Máquina” todavía funciona. El país pugilístico lo celebra.

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