La última carta

Luciano Jurnet julio 1, 2017 0
La última carta

Por Luciano Jurnet

Si imagináramos a la historia del boxeo argentino como un castillo de naipes, podría decirse sin pruritos que la construcción resulta imponente. Apellidos tremendos han aportado lo suyo para que el palacio celeste y blanco creciera cada vez más y no tuviera nada que envidiarle a otros, de mayores recursos. Sin embargo, tras los retiros de Marcos Maidana y Sergio Martínez fundamentalmente, la fortaleza comenzó a derrumbarse. A pesar de que campeones con escasas defensas como Jesús Cuellar, u otros de ocasión, como César Cuenca y Víctor Ramírez, lucharon por mantenerla de pie, la realidad golpeó con una crudeza tal que dejó solo una carta sosteniendo toda la infraestructura. Se trata de Brian Castaño, quien mañana buscará defender por primera vez su cinturón mundial interino superwelter de la AMB ante el marfieño Michel Soro en Evian, Francia.

Castaño estará frente al duelo más difícil de su vida. Lo espera un adversario que acarrea siete éxitos en fila por la vía rápida, con un recorrido como rentado mucho más nutrido (32 duelos contra 13) y que ha conocido un nivel de oposición claramente superior (se midió ante colegas del calibre de Antoine Douglas, Glen Tapia, Emanuele Blandamura e incluso Héctor Saldivia y Javier Maciel). Por su parte, el bonaerense consiguió su cinturón contra Emmanuel de Jesús, un luchador que subió al cuadrilátero con 12 de sus 17 victorias cosechadas ante púgiles debutantes o con récord negativo. En tal sentido, su alegría más plausible continúa siendo aquella frente al ucraniano Sergey Derevyanchenko, cuando formaba parte de la franquicia de Los Cóndores en 2013.

La preparación de “El Boxi” parece haber sido seria (cumplió con la balanza ayer) e incluso, tal vez, el haber besado inesperadamente la lona en su última presentación le haya dejado alguna valiosa enseñanza. No obstante, para vencer a su rival deberá sacar a relucir esa jerarquía que lo llevó a ser considerado la gran promesa del noble arte patrio hace algunos años. Tendrá, quizá, que mostrarse menos erguido y permeable que contra De Jesús y, al mismo tiempo, voraz como ante el italiano Riccardo Pintaudi, por citar un ejemplo. Difíciles pruebas a sortear.

El castillo de naipes tambalea. La carta del chico de Isidro Casanova se sostiene, tozuda, caprichosa. Parece entender que en su solidez está no solo su propia gloria, sino el cimiento sobre el cual deben apoyarse las esperanzas del mañana, aquellas llamadas a refaccionar ese castillo que Monzón, Locche, Martínez, Maidana y tantos otros supieron construir.

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